Si alguien me decía el año pasado que veríamos a María Corina Machado entregándole su medalla del Premio Nobel de la Paz a Donald Trump como si fuera un trofeo de guerra, le habría dicho que dejara de leer novelas distópicas. Pero aquí estamos, en un enero de 2026 donde la lógica se fue de vacaciones y el pragmatismo manda en pijamas.
EL «REGALO» DE MARÍA CORINA: ¿GRATITUD O DESESPERACIÓN? Ver a la líder de la oposición entregando su Nobel enmarcado resulta, cuanto menos, chocante. Es la imagen de quien intenta convencer al jefe de que la tome en cuenta en un proceso donde ya la sentaron en el banquillo de los suplentes. Trump, con su sutileza habitual, ya dijo que ella «no cuenta con el apoyo necesario» para la transición, pero aceptó la medalla encantado. Un gesto de «respeto mutuo» lo llamó él; nosotros lo llamamos el intento desesperado de recuperar una silla en una mesa donde Delcy Rodríguez ya tiene el menú y los cubiertos.
DELCY: DE «REPTAR» A LA LLAMADA GANADORA. Mientras tanto, nuestra «Presidenta Encargada» saca pecho. Dice que si va a Washington irá «de pie» y no «arrastrada» (un dardo envenenado para la foto de la Casa Blanca). Pero no nos engañemos: mientras da el discurso de la soberanía herida, Delcy pasa horas al teléfono con Trump.
Y ojo a esto: Trump ya la llama «persona fantástica». Sí, la misma funcionaria que hace un mes era el «eje del mal» ahora está logrando un «progreso tremendo». ¿Por qué? Porque ella tiene las llaves de las válvulas y Trump quiere sus 50 millones de barriles. Es la «agenda de cooperación» de la que nadie quiere hablar en voz alta: petróleo por estabilidad. Nos revuelve el estómago, pero es el negocio del siglo.
LOS «MÁRTIRES» Y EL SILENCIO DE LA ISLA. Delcy rinde honores a los «jóvenes humildes» caídos el 3 de enero, pero hay un silencio ensordecedor sobre los 32 militares cubanos que volvieron a La Habana en bolsas de plástico. ¿Qué hacían 32 efectivos de una potencia extranjera en el anillo de seguridad de Maduro? La respuesta es obvia, pero la soberanía parece que solo duele cuando las bombas son gringas, no cuando los guardaespaldas son castristas.
CONCLUSIÓN: ORDENAR LA CASA SOBRE LOS ESCOMBROS. Washington no va a repetir el error de Libia. No van a dejar un vacío para que nos matemos entre nosotros. Prefieren el «pragmatismo rojo» de Delcy, que garantiza que la luz prenda y el crudo fluya, que el vacío de poder que supondría poner a la oposición civil ahora mismo.
Es un proceso largo, amargo y lleno de contradicciones. Tenemos a una Nobel entregando su medalla al que tiró las bombas, y a una heredera del chavismo recibiendo piropos del «imperio». La historia no se repite, pero rima con el sonido del petróleo moviéndose hacia el norte mientras nosotros tratamos de entender quién es quién en esta nueva Venezuela.
Amanecerá y veremos…
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